martes, 11 de septiembre de 2012

Navajas suizas y contratos leoninos...

Para Lucía y Fer, con todo mi orgullo y sobretodo, mi amor...


"¡Con razón señora, son dos!" me decía el del ultrasonido mientras me revisaba. He contado esta historia muchísimas veces, pero quiero dejar constancia escrita de ella, como si yo la contara a viva voz. De como siendo flaca como tabla, de un mes al otro de mi primer embarazo subí 3 kilos. El doctor, que estaba muy molesto porque pensaba que había yo disfrutado de la dolce vita materna (esa que te incita a seguir la leyenda urbana de comer por dos) me regañó sin piedad y me envió a los exámenes de rutina. Sin saberlo, después de ver al primer bebé, descubrieron al segundo. Dos niñas. Estaba yo hecha. Recuerdo que lloramos mucho, entre el susto, la felicidad y el ¿ahora qué? que inevitablemente asalta tu mente, tu razón, tu corazón y todas tus sensaciones.

Así, sin pedirlo, aterrizaron ustedes en nuestras vidas, para cambiarlo todo. Un refrigerador lleno de mamilas, cajas industriales de pañales, noches interminables sin dormir, una casa sin adornos a la mano,    un pizarrón con horarios, medicinas y tomas de alimento. Lo bueno, es que sólo eso era la parte díficil y fué mínima. Escuchar esas pláticas de cuna a cuna, las carcajadas, el primer diente, el orgullo de caminar con el cadillac ese de carreola doble, hermosas, riéndose siempre con todo el mundo.  Cuando se enfermaban y se recargaban en  mi pecho, aunque suene horrible, esa era de mis partes favoritas. Lloraban poco, se carcajeaban mucho, platicaban hasta cansarse en su propio lenguaje. Siempre dos, siempre juntas. Una enseñó a gatear a la otra. La otra le enseñó a trepar el mueble cambiador y gritarle a mamá que lo habían conseguido (si, casi me infarto). Abrir el ojo un domingo y que ya estuvieran metidas en nuestra cama, entre nosotros, sin dejar de abrazarse ustedes. Caminaban de la mano, hasta para entrar a la escuela. Completaban la frase que la otra había empezado. Aprendieron a ser fuertes cuando hubo cambios drásticos en nuestra vida, país extraño, escuela extraña y muy ruda, demostraron en todo momento de qué tamaño era su corazon y su fortaleza. Regresaron a su amado entorno y no han dejado de brillar desde entonces. Y yo he sido testigo de honor de todo lo que han pasado. No he podido ser más afortunada. Sin embargo, el miedo que tengo nunca se ha detenido desde el primer día.

"No tengas miedo má, qué? no confías en lo que nos enseñaste?" me decían hace unos días agarrando mi mano, viéndome a la cara, a los ojos llenos de lágrimas. No puedo evitarlo. Separarse de los hijos debería estar prohíbido. Mi cabeza no para de recordar mil cosas fuertes que han pasado. Ese trancazo en la frente, directo al hospital. Replicado por su hermana unos meses después, y también, directo al hospital. Golpe en la barbilla con piedrita enterrada, brazo roto, dedo roto, bullies puestos en su lugar con dos pases mágicos, maestras abusivas corregidas por una niña de 7 años que sabía perfectamente sus derechos. Una pared dispuesta para pintar a su antojo con cualquier material disponible. El dolor de perder, llevado con integridad, a pesar de su corta edad. Arreglar cosas por la paz, con la conciliación, para evitar que los adultos arregláramos con gritos. Sin embargo, saber defenderse del abuso con fuerza y sin miedo. Exponer sus ideas claramente. Cuidar su cuerpo y nutrirlo. Todas estas experiencias, como si fueran las herramientas de la navaja suiza del abuelo, la más gorda, con todos los aditamentos posibles, lista siempre por si algo se descomponía, ese cosito rojo lleno de espacios que trae lo necesario para la compostura. El de la desilusión que va con la herramienta de la esperanza. El del dolor que va con la resignación. El de no haber podido ganar que va con la de intentarlo de nuevo. El del miedo, con la de la seguridad. El del cambio, que va con la de la adaptación. Todas estas cosas que uno no debe dejar de traer encima, de recordarlas y de usarlas. Yo tengo la mía, que sigue llénandose de herramientas nuevas. Nuestros hijos, tienen una con lo básico y algunas cosas especiales extra. Que tendrá cada vez más espacios con herramientas nuevas. Ajustar, cortar, pegar, limar...

En esa cita con el doctor, en donde me sentenció (injustamente) a cuidar mi peso, mi sueño y mi estado anímico, recuerdo que lo único que se me quedó fue una frase tremenda: "Tener un hijo, es un contrato de por vida". No le hice mucho caso en ese momento, lo que quería era salir corriendo. Siempre pensé que mis hijos eran míos, hasta que la vida y su curso normal me demuestra a fuerzas que no lo son. Es un contrato entre dos partes, en donde una los cuida, los ama, y la otra crece, aprenden y hace su vida sin tí. Nadie prepara a los padres para que sus hijos se vayan. No hay un recurso real al cual atenerse para pasarlo mejor cuando sucede. Lo cierto es que es un contrato leonino, en donde a los papás nos atoran con la letra chiquita que nos advirtieron pero que no leímos. Eso ya es nuestro asunto, no hay autoridad competente que pueda resolver el caso a menos que nosotros hagamos justicia de nuestra propia mano. Aunque sin pensarlo, nuestro instinto y amor siempre se dirigen a que seamos mamás chocantes, estar encima para que no se les olvide nunca llevar su navaja suiza a todos lados, como un arma necesaria e indispensable. Ya no se recargarán en su mamá como cuando estaban enfermas, pero tienen su navaja suiza que las sacara del apuro. Y nosotros los padres, tenemos que recordar que también tenemos una, recordando sobretodo la de ajustar, esa que se usa cuando todo se desacomoda, como tenía que pasar, a pesar de nuestros propios, egoístas y personales deseos...



miércoles, 18 de abril de 2012

Olvídate tu, que yo no puedo...

Pasé temprano. No es mi camino de todos los días, pero ya iba tarde. Antes de dar la vuelta en una calle, me encontré con el accidente. Vidrios rotos, la carcaza de un espejo retrovisor entre las plantas del camellón, una mancha roja en el pavimento. Deseé con todas mis fuerzas que fuera una mancha de aceite, no de sangre como me imaginaba. "Ojalá que nadie se haya lastimado seriamente" pensé. Seguí mi camino.

Una hora después, me preguntaban si yo sabía algo más acerca del accidente. Que había sido un muchacho de 16 años, conocido, el que había chocado y había muerto.

No pude resistir las lágrimas. 16 años. La información llegaba en bloques. Que no traía cinturón de seguridad. Que venía alcoholizado. Que acababa de dejar a dos niñas en su casa. Que había sido a las 2 am y no a las 11 pm como habían dicho para proteger a los papás porque no tenía permiso. Que venía a exceso de velocidad. Que había muerto porque el coche le había pasado encima. Que había salido disparado por la ventana del copiloto. Que había mucha gente que le lloraba en su funeral. Que los padres estaban deshechos. Que la vida no iba a ser igual para nadie, para ninguno de los que lo conocieron.

Desde 1995 a la fecha, se ha registrado un 55.5% de aumento en la muerte de jóvenes por accidentes relacionados con el alcohol. La hora pico de estos accidentes es de 1 a 3 de la mañana. El 14% son mujeres. La edad promedio es de 17 años. En el 30% de los accidentes, mueren los ocupantes, más no el conductor. Y dentro de ese porcentaje, el 22% no iban borrachos. Se espera que en el año 2020, ocho millones de personas en el mundo morirán por un accidente relacionado con el alcohol o las drogas. En México, 90% de la población mayor de 15 años consume alcohol, por cada 10 hombres hay 5 mujeres que lo toman en cantidades excesivas. La principal causa de muerte en jóvenes de 15 a 19 años es accidente de vehículo automotor. En 1993, el 3% de estudiantes de secundaria y bachillerato reconocieron haber bebido cinco copas o más por ocasión. En el 2000, la cifra aumentó al 21%. Entre las motivaciones por consumir alcohol está la convivencia con el 71% de quienes reportaron consumir alcohol de manera habitual. Los adolescentes se suman al número de consumidores quienes copian los modelos adultos en los que se asocia con frecuencia el consumo y la embriaguez. A diferencia de sus padres, los adolescentes de hoy en día parecen estarse desarrollando en un medio con mucho mayor tolerancia y permisividad.**

Se mueren nuestros jóvenes por los excesos que les (nos) permitimos. Y aún así nos preguntamos qué estamos haciendo mal como padres. Tener miedo de educarlos y ponerles límites no es opción. Ser padres light no es lo de hoy. Enseñarles a manejar para incorporarlos poco a poco a esta selva de asfalto. Enseñarles a beber con moderación y a no dejarse influenciar por el resto de la borregada. Enseñarles el valor de su cuerpo y su mente. Enseñarles el valor y la recompensa de su esfuerzo. Eso no es igual a ser permisivos y dejarlos sin supervisión porque "ya están grandes". No ponerle límites a un adolescente equivale a regalarle una pistola. Tarde o temprano, se hará daño. Esta ciudad, ya no es la que era cuando nosotros eramos chavos. Ni las adicciones son en la misma intensidad. Ni las reglas de la calle tampoco. La amenaza constante existe. Nuestros hijos nacieron en una sociedad desechable. Hoy eres moda, mañana no. Consumir y tirar. Les reiteramos que el mundo va rápido y por todos lados los bombardeamos con cambios constantes. Para ellos, nada es estable, todo está cerca de desaparecer, por eso hay que vivir rápido y al máximo. Y es nuestra culpa. Somos la generación sandwich, castigada por nuestros padres y oprimida por nuestros hijos. Con este sentimiento de que no vamos a ser igual de tiranos que nuestros padres, somos de lo más permisivos con ellos y con nosotros mismos. Y éstas son las consecuencias de no saber ser un ejemplo para ellos y decidir ser sus amigos. Amigos tienen muchos. O aprendemos a ser padres con todo y educar de una vez, o evadimos y olvidamos el asunto, hasta que nos toque llorar por la pérdida (y la culpa) a nosotros.

A un par de semanas, hoy muchos no se acuerdan que perdieron a alguien que conocían. Sus vacaciones estuvieron padrísimas. "No sabes que peda tan rica, llegué a las 6 de la mañana a mi casa". "Uta, el shopping poca madre, mi pá se rayó". " No mames con el ambiente en el antro, pedimos botella y estuvo de pelos". Nadie experimenta en cabeza ajena. Aún cuando el círculo se cierra y empiezan los accidentes a pasar muy cerca. Nadie recuerda el ejemplo impuesto con dolor. O no quieren recordarlo.

Yo solamente pienso en esa mancha en el piso, en esos padres con una carga insostenible de lágrimas y como tengo hacerle para que no vuelva a suceder. ¿Olvidar? Yo no quiero...



**Fuente: Encuesta de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco en Estudiantes del Distrito Federal 2003, Subsecretaría de Servicios Educativos para el DF de la SEP y el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

lunes, 12 de marzo de 2012

De estampas infantiles y las puras buenas intenciones...

Time goes by so fast, people go in and out of your life. You must never miss the opportunity to tell the people you really love, how much they mean to you" Steve Jobs.

"Chócalas" y el trato se cerraba.
"Córtalas" y el trato se rompía.

A veces pienso que las relaciones son más fáciles cuando somos niños. Chócalas para ser cómplices, amigos, parejas de resorte o patines, cambiar estampas antes que con los demás, comer en casa de alguno los Viernes. Y córtalas para olvidar todo, porque algo que dijimos no gustó, porque cambiamos de juego, porque no se brincó bien el resorte en 4a posición y nos hiciste perder. Después de eso, sólo el silencio de la ley del hielo. Seguías adelante. O te reconciliabas con tu amigo. Los niños generalmente aprenden a dejar rencores más fácil.

Sin embargo, la pureza en las acciones de los niños, siempre sin doble juego, es algo que tenemos que aprender los adultos. Si hay un niño malvado, bien intencionado, o que no se sabe defender lo sabrás de inmediato, tan sólo observándolo un momento. Y reconocerás a sus padres, sólo por el comportamiento de sus hijos, y hasta sin haberlos visto nunca.

Steve Jobs decía que un amigo es el que se queda cuando el resto del mundo se va. Dependiendo del nivel de tolerancia, aceptas o no las cosas que pasan cuando alguien que quieres se equivoca, o tiene un punto de vista diferente al tuyo. En teoría, la capacidad de comunicarnos nos hace diferentes a los animales. Los adultos somos los que impulsamos a que nuestros hijos no mientan, se disculpen, acepten, se responsabilicen y hablen de frente. Pensamos que es lo correcto y que hay que enseñárselos más pronto que tarde porque eso les evitará problemas de socialización y confrontación en un futuro. Queremos criar seres humanos civilizados, capaces y felices. Nadie juzga a un padre por querer que sus hijos sean las mejores personas.

El problema está en que no siempre somos un ejemplo congruente para nuestros hijos. Y no siempre nos comportamos como seres humanos con la capacidad de comunicarnos. Algunos se encuentran en el más puro estado animal de competencia.

Dentro de este huracán de "comunicación a tiempo real" que son las redes sociales, salen sin tapujos los vicios de la naturaleza humana en su más puro estado. Cualquier error cometido, merece linchamiento. Inclusive si el error también proviene de la más pura inocencia o estupidez de escribir sin mala intención. La red social en turno, juzgará sin piedad y dictará su sentencia. Pedimos a los políticos campañas limpias, cuando lo único que consumimos de ellos (y promovemos) es la carroña. Pedimos de las estrellitas de la tele más trascendencia y terminamos criticándolos por sus esfuerzos (sean valiosos a nuestros ojos o no) de atender a un público de menos márgen cultural que invariablemente los necesita. Pedimos que los medios sean veraces y exactos al informar, cuando todos nos sentimos reporteros ciudadanos y queremos "enseñarles" a hacer su trabajo. La denuncia no te hace más conocedor, solamente te hace denunciante, no periodista, abogado o escritor. No nos hemos dado cuenta, que por primera vez, aunque tenemos una voz más fuerte, no es necesariamente bien informada.

Opinar sobre un tema, no es malo. Presumir que conoces de algo por completo, solamente por competencia, te hace puramente fantoche. Juzgar a los demás por hacerlo, te reduce a un monólogo cerebral de donde nunca saldrás. Escuchar te hace aprender. Y aprender te engrandece.

Vivimos en el país de la pureza. De pura madre te dejo pasar. De pura corrupción. De pura impunidad. Del puro rollo. De la pura mugre. De la pura satisfacción personal. Del puro ego. Del puro te quito si me estorbas. Del puro te lastimo y no me importa. Del puro te llamo y seguro quedamos. No nos hemos dado cuenta, sin embargo, que con el puro diálogo y que con el puro respeto, podría cambiar el estatus de Vecindad Global de regreso a Aldea Digital. Un lugar en donde idealmente convivamos sin la necesidad de destacar, farolear, molestar o denostar al de junto. Como si los seres humanos viviéramos en la más pura soledad y necesitáramos revindicación a costa de lo que sea. O de quien sea. Eso no es lo que somos. O por lo menos no lo único. Nos olvidamos que a menos que alguien sea bot pagado, todos tenemos una historia, una cara, sentimientos, y sobretodo, ideas que compartir. Hemos convertido a las personas en algo intangible, abstracto, desechable. Una línea de producción de "amigos" a los que solamente les ponemos foto y letra. No hay empatía, sólo concordancia o rechazo y por consiguiente juicio de ideas. Me niego a pensar que la oportunidad única de comunicarnos tan ampliamente, sea desperdiciada por la necesidad de elevar el ego de cada uno. La experiencia de las redes sociales sólo debe enriquecernos más en la vida real. Esa, la que si cuenta. En la que la mayoría de las veces, hablamos de frente.

Prefiero tener presente como son las relaciones puras, esas que negocian, debaten, toleran, respetan y llegan a acuerdos . Así, como cuando era niña y me sentaba a cambiar estampas con mis amigas. "Repetida, repetida, ya, ya, repetida" y nadie se enojaba si yo no cambiaba nada, ni a nadie...

jueves, 19 de enero de 2012

De cuotas de género y otros sujetadores femeninos...


Yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter... Christine de Pisan


Tenía 16 años cuándo mi mamá me regaló el libro de la "Nuestros cuerpos, nuestras vidas" de las Mujeres de Rojo (Colectivo de mujeres en Boston, 1970). Recuerdo que sentí como si me pasaran una antorcha de algo importante, sin saber exactamente de qué se trataba. Provengo de una familia en donde las mujeres han sido poderosas, avanzadas a su tiempo y abiertas. Sin embargo, jamás dejaron de ser delicadas, sútiles y dulces, características que a mi pesar, no heredé.

Al pasar sus páginas, me dí cuenta que lo que quería mi revolucionaria madre es que tomara conciencia de que de las pocas cosas que podría controlar como mujer, era mi cuerpo y la forma en como yo pensaba de él. Decir las cosas por su nombre y encontrar esta plenitud en todas las decisiones que tomes en la vida en referencia a él. Aprendí que naturalmente, somos seres cambiantes, y que esos cambios repentinos que no tienen que ver con la mente sino con las hormonas, nos hacen ver inestables. Es decir, las mujeres somos mucho de química. Lo que no exime que seamos también mucho de corazón. Y aprender sobre esto, hizo una gran diferencia en mi vida.

Me ha costado mucho aprender a decir las cosas como las quiero, como las siento y como las pienso. Aprendí que para ganarse un lugar, se necesita sensibilidad e inteligencia para destacar. Que hacerle daño a alguien para ascender, en algún momento te perjudicará más que ayudarte. Que no es lo mismo tener malicia que maldad. Y que por ser mujer, en un mundo de hombres, todo me iba a costar el doble de trabajo. Estaba destinada a que cuando me inconformara por algo, alguien inevitablemente comentaría un "déjala, seguro está hormonal". Pero también entendí que esto me podría afectar tanto como yo lo permitiera. Es decir, nada.

Este no es un texto feminista de queja. Es todo lo contrario. Me declaro machista.

Estoy cansada del eterno cliché de las cuotas de género y la lucha por los "derechos" de las mujeres. Las cosas son muy diferentes ahora que en el siglo pasado. Sin embargo, si alguien está calificado para una chamba, merece tenerla. Si las funciones que se le han encomendado las realiza con conocimiento, diligencia y honestidad, no debe importarle a nadie si es gay, mujer, hombre o peso mosca. Resulta hasta denigrante y autocompasivo exigir la "cuota" como si de pagar algo se tratara, o porque no tiene mérito de ser por sí mismo.

A esto hemos llegado mujeres. A exigir algo gratis que de seguir así, nunca sabremos si realmente nos lo hemos ganado. No es sólo buscar conseguir una representación femenina. Es hacerla valiosa. Es competir contra los mejor preparados. No contra los hombres. De otra manera, seguimos luchando entre nosotras y nunca a favor. No tenemos que ser iguales. En nuestras diferencias radica el encanto, y sobretodo la inteligencia.

Y en un nivel más personal, me doy cuenta que al hombre le exigimos ser buen (o excelente) proveedor, buen padre, buen marido, buen amante, buen profesionista. Debe ser sensible a nuestras necesidades y pasar por alto las suyas por el "bien" de la pareja y de la familia. Si nosotras estamos "hormonales" debe entendernos. Pero si a él no le salen las cosas en su trabajo, que ni se le ocurra traer las broncas a casa. Debe ser comprensivo y evitar dar consejos. Solamente debe escuchar y si puede solucionarnos el problema. Nada de dominó los jueves, pero aguantar nuestros miercolitos con las amigas.

¿En què momento nos volvimos tan demandantes? ¿Es tan necesario validarnos como iguales? No nos hemos dado cuenta que a pesar de haber conseguido reconocimiento y haber avanzado en nuestra autonomía, se ha conseguido refrendar nuestra imágen de necesitadas de valor. Cuando en realidad, somos todo lo contrario. Somos madres, proveedoras, esposas, amantes, amigas, profesionistas, guerreras, es decir, valiosas de entrada. No es necesario que nos lo reconozcan a cada rato. Eso solamente nos remite a la teoría hormonal.

Así que si quieren destacar, ser felices, sentirse plenas y satisfechas, olvídense de las cuotas de género y lo que implican, en todos los ámbitos. Olvídense de sujetar a los hombres con el chantaje por el simple hecho de aventajarlos. Y por supuesto, olvídense de sujetarse a las reglas...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Carta a Dios

Dios:

Me comunico esta vez en forma de carta, porque ya ves que cuando te platico a veces me hago bolas y te confundo.

Tengo tantas cosas que preguntarte. Pero mientras pienso en las preguntas, me llegan las respuestas. Sé que nada de lo que has mandado este año, es gratuito. Todo ha tenido una lección, algo que se me quedó que seguramente nunca olvidaré. Lo único que tendría que preguntarte, no sin un poco de reclamo, es porqué hay cosas que tienen que ser tan dolorosas para aprenderlas? No podrías solamente hacerme ver que tengo que aprender? Hay veces en que no he entendido nada. Y vuelve la misma prueba. Y por fin la entiendo, pero me dolió más hacerlo. Creo que piensas que todos tenemos la misma capacidad de aprendizaje, no podríamos cambiar el sistemita éste de lo que no aprendes lo repites? Te juro que ya duele mucho. Por la lección acerca de las pérdidas, de la incertidumbre y el miedo, no encuentro ninguna otra más de las que ya tengo en este año. Porqué seguirle con la apretada de tuerca? Y solamente hablo de mi en lo personal. De verdad nos quieres dar una lección a los humanos acerca de algo? Enséñanos del amor sin dolor y sin apego. Ese que a veces creemos que no existe. El que habla de plenitud, satisfacción y libertad. Te prometo que es buena idea. No entiendo todavía porque los niños tienen que ser abusados, la gente asesinada con violencia, porqué existe el cáncer, ni porqué la gente se vende por unas monedas. No entiendo la ambición del poder, ni la necesidad de dividir. No entiendo como se puede maltratar a un animal, ni entiendo porqué no ceder el paso a un coche. No entiendo esta necesidad de ser los primeros, de tener siempre más.

Imáginate si pudieramos entender el amor de esa manera. Imáginate el cambio en la humanidad. Ves?

Entiendo que cada quién tiene una historia, y cada quien decide que hacer con su pasado. Unos lo cargamos y respondemos cuando tenemos miedo haciendo daño sin querer a las personas que queremos. Otros lo olvidamos en algún espacio y vivimos como si no pasara nada, hasta que un día pasa algo. Y hay gente que decide vengarse del resto del mundo, matando, robando, chantajeando. Esos son en los que te tienes que fijar más (perdón por el tono, es mera sugerencia) porque a los que vamos por la vida buscando ser superficie plana y nos convertimos sin querer en baches, solamente mándanos felicidad y tranquilidad. A los otros, sugiero los mandes al infierno derecho. Qué mas te dá?

Dicen que nos hiciste a tu imágen y semejanza. No quiero ser irreverente, pero de verdad que ya me dió miedo. Si esa es la teoría correcta, no quiero pensar en un paraíso lleno de lo mismo que la tierra. Angelitos envidiosos, santos presumidos y vírgenes con pose de modelo. De verdad que quiero creer que nos vas a ayudar y a darnos un mejor año, con todo y elecciones. No quiero dejar de agradecerte que las precampañas sean medio prohibidas, pero si te pido que aunque suene incongruente con lo que te escribo, no seamos una república amorosa. Mejor otórganos la capacidad de ser mejores personas sin tanta prueba de por medio.

Prometo que es la primera y última carta que te escribo. Ya ví que soy mejor platicándote. Por lo menos así me entiendes aunque sea la última parte.

Gracias.

Alicia.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Por amor a la Patria... De autoconvencimientos y otras cosas peores...


La película multipremiada se llama “Judgement at Nuremberg” y es del año 1961, basada en el libro de Abby Mann. Dirigida por Stanley Kramer y protagonizada entre otros por Spencer Tracy como el juez y Burt Lancaster como el nazi juzgado. La cinta se centra en los juicios sostenidos por las autoridades de los 4 poderes (Francia; Gran Bretaña, URSS y Estados Unidos) en contra de varios de los sectores de poder en la Alemania Nazi. En este caso, vemos el proceso dirigido hacia los jueces del Tercer Reich, encargados de redactar las leyes del nuevo orden y sentenciar a quienes no entraban en el nuevo régimen.


Lo interesante de esta película, se centra en los monólogos del Nazi y del Juez. En un momento determinado y en contra de las instrucciones de su abogado, que quiere salvarlo a toda costa -por el bien y la moral del pueblo alemán- el Nazi (Burt Lancaster) decide hablar y explicar sus causas:


“Para poder testificar, antes hay que entender el período en que sucedieron los acontecimientos. Después de la primera guerra, había desgracia, vergüenza, hambre. Y entonces apareció Hitler y nos dijo: “Levanten la cabeza, estén orgullosos de ser alemanes, hay demonios entre nosotros como los comunistas, liberales, judíos, gitanos. Cuando erradiquemos a estos demonios, nuestra miseria terminará”. Era el cuento del cordero sacrificado. Lo que algunos de nosotros sabíamos bien, era lo que en realidad encerraban esas palabras. Pero no hicimos nada. ¿Qué más daba si unos pocos extremistas liberales o algunas minorías étnicas perdían sus derechos?. Nos callamos, tomamos partido y efectuamos acciones. No por nosotros, sino por nuestro país. Mi abogado los quiere convencer de que no sabíamos nada. Quizás no sabíamos los detalles y lo más seguro es que aparentábamos que no sabíamos nada. Pero repito, todo lo hicimos por nuestra amada patria”



Antes de que haya una mala interpretación incendiaria, no es intención la comparación del aberrante Hitler con ningún gobernante. El tema en este caso es la justificación de acciones por el amor por la patria, argumento que siempre pesa en el énfasis del discurso, pero no vale para nada cuando no hay resultados reales. El problema reside en que las personas en el poder no viven lo que el resto de sus gobernados. Desde sus oficinas blindadas dictan las órdenes que ellos perciben serán las mejores y las publican en todo momento. No lo hacen por maldad. Lo hacen por egocentrismo y a veces por desesperación. Nadie puede ser caballero templario de la patria y lograrlo a la primera cruzada. Los períodos presidenciales duran solo 6 años, divididos en años de apoderamiento, años reformistas de supuesto cabildeo sin resultados y años de Hidalgo. Cuando se dice que el Presidente no nos dejará solos, existe un error de origen. Porque falta muy poco para que deje el puesto. Para que ceda esta lucha en manos desconocidas (o reconocidas) ávidas de llegar e instalarse, dándole tiempo a los malos de rearmarse ante la indiferencia temporal del gobernante del momento y hacer más daño sin piedad.


Una guerra inútil, porque no se han dado otros pasos indispensables para poder combatir al crimen, reforzar el país y darle certeza a la sociedad. Las anheladas reformas que hacen falta como limpiar y reformar el sistema judicial, el legislativo, vigilancia estrecha a los bancos, rendición de cuentas y transparencia verdadera, no de discurso. Tener los tamaños para meter a funcionarios públicos corruptos a la cárcel con sentencias ejemplares. Agilizar el sistema de juicios. Reducir el número excesivo de legisladores. Limpiar sindicatos ladrones. Renovación de planes de estudio y evitar que la educación siga siendo rehén de unos cuantos. Quitar el presuntuoso fuero. Algunas propuestas de las que menciono aquí parecerían inviables para algunos que nada más buscan en donde hincar el diente para seguir viviendo del erario o mantener su poder. Pero es lo mismo que decir que la gente inocente que muere todos los días son minorías colaterales. Acusarse unos a otros de no conseguir las reformas necesarias, sigue sin ayudarnos a avanzar. Lo que no hay, es voluntad real. Es un debate estéril, en donde el país es el único perdedor.


En la película, el Juez (Spencer Tracy) logra un mensaje que no tiene desperdicio en el momento de la sentencia al Nazi:


Comprendemos la tortura de su alma patriota. Sin embargo, eso no debe opacar la tortura de millones que murieron bajo el gobierno del que usted formó parte. Si los acusados que están aquí, fueran depravados o maniacos, la tragedia sería justificada al nivel de un terremoto o una inundación. Pero el juicio que hemos presenciado, demuestra que hombres buenos – y a veces extraordinarios- no pueden con la presión de una crisis nacional, llegando a extremos histéricos como para cometer crímenes y justificarse patrióticamente por ello. Nadie que haya estado en este juicio, olvidará nunca la mutilación de un hombre por sus creencias políticas o el asesinato de un niño inocente. Qué “fácil” puede suceder esto. En estos tiempos, en mi propio país (E.U.) hay quienes hablan de proteger nuestra patria de nuestros enemigos. De sobrevivir. ¿Sobrevivir a qué?. La patria no es una piedra. No es una extensión de nosotros mismos, ni como gobernantes, ni como ciudadanos”


La patria no es solamente un estado abstracto. Es lo que nos une como sociedad. Nos otorga identidad y comunidad. Todos pertenecemos a ella y ella a nosotros. No es el lugar común de unos cuantos. Y se debe de regir con justicia, verdad y sobretodo, respetando el valor de la vida de sus ciudadanos. Hemos perdido como mexicanos el sentido de patria, nuestro nacionalismo sólo aparece cuando es 15 de septiembre o cuando gana la selección de futbol. En estos tiempos violentos, no debe haber héroes, eso no es justo para nadie. El camino del heroísmo es duro, no sólo para el protagonista, sino para los que supuestamente debe salvar. Sin embargo, nuestros “héroes” están hoy más preocupados por hacer caja chica para su campaña electoral, que por sacarnos adelante. Están más preocupados por los niveles de popularidad que por cuántos enfrentamientos hubo en la semana o sí las reformas que se encuentran en el tintero son elemento de negociación, en vez de entenderlas como necesarias y urgentes para el país. Están más preocupados por destacar sobre el contrario y ganar el puesto para la “grande” que en hacer el trabajo primario para el que fueron designados o elegidos. Son más prototipos de antihéroes barrigones que de funcionarios éticos apegados a la justicia y legalidad.



Al final de la cinta, el Juez visita al Nazi en la cárcel. El Nazi le asegura: “Nunca supe en qué momento empezó toda esta locura y en qué momento me uní a ella”.


El Juez le contesta: “Empezó en el momento en el que sentenciaste a morir al primer inocente por el bien de tu patria”.



¿Qué tanto se justifica hacer algo que es aberrante, qué podía haberse prevenido con otras acciones concretas y así avanzar hacia un Estado de Derecho en pleno funcionamiento?


En estas líneas, me refiero a la desesperanza, de cómo líderes vacíos y ambiciosos aparecen para prometernos la igualdad y seguridad aprovechándose del desánimo nacional, cómo a nadie le importa nada sino su propio bienestar. Una reflexión muy personal de cómo los hombres que anhelan paz y justicia, se corrompen en el camino cediendo a los intereses de grupo, que al final acaban siendo propios. Aparte del color del que sean sus ideas, todos tarde o temprano ceden ante la ambición.


La polarización, el resentimiento, el desánimo, vivir en ciudades caóticas y violentas, ser testigos apáticos de las acusaciones entre frentes de diferentes ideologías, la poca disposición a trabajar juntos a pesar de las diferencias, todo esto, nos hace culpables de algo que en principio nos parecía aberrante. Somos cómplices del nuevo régimen autoimpuesto: El egocentrismo y la parálisis. Ambos provocados porque nadie está dispuesto a ceder por el bien común y sí a pelear por los intereses propios, desde empresarios, jueces, sindicatos, legisladores, gobierno, sociedad y un largo etcétera.


El título de la película “Judge in Nuremberg” se tradujo en ese momento como: “¿Vencedores o Vencidos?”. Analogías aparte, ojalá que alguien realmente patriota y desinteresado llegue y nos salve de ser los segundos. Sólo espero que el precio que tengamos que pagar por avanzar no sea tan alto en ese momento. Y si no fuese así, que la Nación nos lo demande, a todos por igual…

jueves, 27 de octubre de 2011

Allegro non grato… Notas conspiradoras inmediatas.

Para Chacho. En ¾


(Yo le pediría amable lector, que me acompañe en la lectura de mi relato con la música que encontrará en el reproductor que está a un lado de este texto, reconozco mi ánimo sensiblero y cursi de antemano, por lo cual no es necesario recalcarlo. Gracias.)



De hecho, no tenía ni siquiera la menor intención de volver a escribir sobre el tema. Creía firmemente en que la herida había cerrado casi en su totalidad y lo que quedaba del dolor que me causaba, era mínimo. Unos días de extrañar, otros días de alegría nostálgica, otros de enojo con cosas recordadas que no venían al caso.


Tengo semanas pensando en cómo iba a pasar la fecha. Releí mis escritos anteriores para tratar de entender la catarsis de los días. Me dí cuenta de mi gran avance. No he idealizado, ni perfeccionado ni cambiado a modo la historia real. Trato de ser congruente con los hechos de la vida, con mi sentimiento y orgullosamente puedo decir que las pocas lágrimas que me han salido, han sido porque verdaderamente requería de algo humano, amoroso y perfecto en ese momento preciso. Como una llamada o un abrazo. En realidad, nada más.


Sin embargo, a veces creemos que somos dueños de estos reflejos y tenemos un autocontrol exacto y puntual sobre nosotros mismos. Tan egocéntricos los seres humanos. Nos sentimos tan poderosos, hasta que dejamos de serlo.


En una de estos ataques domésticos que me ocurren muy continuamente, en donde expreso desde lo más profundo y con todo lo que está a mi alcance la clase de obsesión que tengo por controlar las cosas, encontré unas cajas de discos, LP’s y Cd’s, que no llevan mucho tiempo en mi poder. De hecho, las recuperé hace un par de meses junto con apenas dos maletas llenas de lo que había sido una vida que solamente duró 68 años. Increíble a que se reducen nuestras pertenencias atesoradas a lo largo del tiempo.


No tengo una tornamesa, y por supuesto tampoco un reproductor de CD’s. Así que la tecnología a mi alcance compartía extraordinaria música con pantalla y pagos en línea por hacer. Pasar de Nat King Cole a Maria Callas en un pestañeo. De Caetano Veloso a Mozart.


Y entonces, apareció Tchaikovsky. Concierto para Violín y Orquesta en D. Opus 35. Allegro Moderato. Itzhak Perlman, Orquesta Filarmónica de Israel y Zubin Mehta.


Entre los pagos pendientes, revisar correos urgentes y mensajes llegadores, mi vista se nubló sin poder escribir ni contestar más. Adentro, las voces en la mente dijeron que se hiciera un alto y que quedarse ahí era terapéutico y sanador. El ego decía que todo estaba bien y que había que seguir adelante con las cosas necesarias y urgentes.


Sin darme cuenta, en un reflejo automático, aprieto el botón de replay, para que suene de nuevo la misma música, como para asegurar que no pasa nada. Me repito para convencerme que la herida ahí está pero que no duele tanto. Que a veces pasamos los días pensando, sin realmente pensar. Oímos la música que nos llega sin decidir en dónde cabe en el corazón. No porque no sepamos en donde. Si no porque no queremos dejarla en la memoria emocional que acciona los dolorosos botones que no queremos accionar.


Lo que escuché, no era un Allegro Moderato. Era un Allegro Non Grato. Las notas que parece ser que se pusieron de acuerdo en contra mía. Detonadas irónicamente por la armonía, me vienen a la cabeza mil imágenes que sé que ahí están, pero que no quiero recordar seguido. Porque me doy cuenta de que si duelen. Pero no quería que dolieran. No hay más que perder al primer amor de la vida de cualquier mujer, para comprender que cualquier violín agudo, experto y sentimental dolerá hasta el rincón más profundo. Ahí, en donde no hay un espacio tan grande para que quepa sin desbordarse a su antojo, a merced de una nota ligada a un recuerdo, que lo haga explotar sin miramientos ni compasión.


Me rindo ahora. Entiendo que solamente lo estaba posponiendo. Dejaré que los agudos me lleguen al alma, y los graves al corazón. Moveré los brazos para dirigir imaginariamente a la orquesta, y para enviar con todo mi amor, mi vibración mas profunda hacia donde debe estar.


A unos días, te quiero decir que no pasa un sólo

momento sin que me acuerde de ti. Sin que te extrañe con todo el corazón. Que me lo niego, porque según yo avanzo y me mantengo ecuánime. Pero en realidad, en estos casos no hay avance sin dolor. Y hasta ahora lo entiendo. Alguien debería hacer un manual de lo que pasa cada año posterior, con la llegada de cada aniversario para tomar previsiones al respecto. Ya sé, son mis ganas de control absoluto. Pero no puedo controlar ya nada más. O si. Mi acto de apretar ese botón una y otra vez para llenarme de tu música y tus recuerdos. Y entender de una vez por todas que esas dos maletas y el par de cajas, no son lo único que queda de ti porque sería negar mi propia historia, la tuya, la nuestra.


Aquí en mi alma, suena tu Allegro Vité todo el tiempo sin que yo pueda hacer nada por detener su dolorosa pero bellisíma armonía...

miércoles, 19 de octubre de 2011

De la lujuria y otras cosas old fashion...

Para quién dijo que había que dejarse fluír...



“Si hija, es pecado”.


Con estas palabras, se detonó mi rebeldía ante cosas que yo pensaba que sí existían, era porque alguien quería que las probara. Al final, caí en el lugar común de todo ser humano: Retar para comprobar que tienes la razón o por lo menos que el otro no la tiene. No importa si nadie se entera o si existe el infierno y lo pagarás más tarde, lo importante es que el conocimiento de lo pecaminoso es directamente proporcional a las ganas obsesivas de seguir haciéndolo y probar tu punto. Lo prohibido siempre te hace sentirte vivo. El deseo no es una consecuencia, es una potencia. El paraíso, según los católicos, es un jardín rodeado de murallas que lo protegen de los vientos ardientes del desierto al que solo entran los libres de pecado. Quiero suponer que la referencia a los vientos ardientes son todos aquellos placeres que invariablemente nos harán sentir plenos y que de entrada nos han sido prohibidos bajo amenaza de rostizarnos.


Si el muy mayor cura aquel de mi infancia viera lo que hemos hecho estos días con los 7 pecados capitales. Les dimos la vuelta, pero no por conveniencia, sino por un estricto sentido de adaptación.


Si se trata de la Gula, unos comen menos por vanidad. Otros comen en exceso por soledad. Otros ni comen y no exactamente porque no sea su deseo.


Y si hablamos de la Avaricia, este deseo de poseer es que nos lleva irremediablemente a la traición, a la delincuencia y al soborno, es decir, algo normal para nosotros estos días, así que no hay sorpresa alguna.


Referirse a la Pereza como pecado, en estos tiempos, es absolutamente inmoral. Hay quien trabaja 15 horas diarias con un sueldo miserable y desea con todas sus fuerzas un respiro en algún momento de su día.


De la Ira, ni hablar, Freud la cataloga como “conducta normal” (aunque también catalogó a la perversión como un estado ocasional en personas normales, por lo que no me responsabilizo de la tésis). Inevitable sentir ira ante la injusticia entre los hombres. Como en un atasco en Reforma durante una manifestación.


La Envidia mueve al mundo. Es como hablar de la característica principal de toda la raza humana. La cultura del “más”. Tarde o temprano, se nos antoja lo que tiene el de junto, sin detenernos hasta conseguirlo. De otra manera, no encuentro otra explicación para la proliferación de cirujanos plásticos y de asesores políticos.


La Soberbia está incluida en la raíz más profunda de todos los mexicanos. Somos los dueños absolutos de la verdad, no importa si decimos mentiras para comprobarlo. La virtud que es su contraparte, la Humildad, solo se encuentra en nuestro vocabulario para definir al más pobre. Sin embargo, ésta misma palabra expresada en boca de un político solo denota más soberbia.


Y qué decir de la Lujuria. A mi me enseñaron que encierra toda clase de deseos excesivos físicos o intelectuales. Y que involucra también al orgullo. Que podemos encontrar en ella la raíz de todos los problemas de nuestra vida, por su estado natural pecaminoso. Así que hablar de leer un libro de jalón, hacer el amor apasionadamente, darse un taco de ojo, echarse una botella de tinto y debatir airadamente con los amigos es, irrefutablemente, hablar de pecado. Es una suerte para mi haber preferido los vientos ardientes del desierto a vivir atrapada en un jardín amurallado. Aunque me esperen las llamas inmundas y despiadadas del infierno.

**Deberían inventar nuevos pecados porque los antiguos ya no nos atemorizan. Los superamos. Son parte de nuestra tremenda vida diaria. Ergo, la raza humana está condenada al infierno. A menos que a alguien con autoridad se le ocurra tirar las murallas del jardín para salvación eterna (y disfrute sin remordimientos) de todos nosotros pecadores. Amén...

Piratas Modernos y abuelos arrepentidos... Artículo publicado en Excélsior

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=764275

miércoles, 30 de marzo de 2011

Me ví el zapato... El Caldero ofrece una explicación...

Dejé de escribir 6 meses. En este tiempo, un poco de mucho me pasó. Fue una decisión medio dura para mi misma y para las personas que amablemente me leían cada semana. Una especie de remolino emocional que no supe controlar hasta hace poco. El objetivo del Caldero es y será dar un punto de vista muy personal sobre muchos temas que a ustedes les pueda servir un poco como catarsis, así como lo es para mi. Temas que para mi en este tiempo, no llegaron o no quise compartir porque no había encontrado el objetivo de lo que estaba sucediendo. Perdí y recupere. No entendía y por fin, aprendí.

Byron Katie en su terapia "The Work" dice que una vez ella estaba tirada en el piso de una estación de metro completamente drogada. Cuando reaccionó, vió una cucaracha encima de su zapato. Asqueada, ahí se dió cuenta de que el zapato estaba sucio. Su ropa estaba sucia. Su cuerpo estaba sucio. Le faltaba un diente, su pelo estaba enredado y olía mal. Se vio en el espejo de un baño publico y no se reconoció. Ahí supo que había tocado fondo, que esa cucaracha la había hecho reaccionar y entender que estaba dejando en su vida pasar.

No soy adicta ni alcohólica. Pero me sentí sumida en un hoyo negro del que no salia. Muchas mujeres de mi generación nos sentimos de repente así. Un sin sentido generalizado. Un no saber de que se trata, ni que se siente ni para donde va. Por fin, leí algo que me conmovió y que cantinfleando, decía mas o menos así: "Somos lo que somos porque no podemos ser otra cosa. Si fuéramos distintos, no seríamos especiales, no seríamos nosotros, tampoco seríamos perfectos".

Así que metafóricamente, me vi el zapato, saludé a la cucaracha, le dí las gracias, logré verme en un espejo y reconocerme por fin. Gracias que también doy a ustedes por pedirme el regreso del Caldero que hoy hace sopa de letras con sustancioso caldito de corazón...

jueves, 13 de enero de 2011

40 y 20... Intrascendencias...

Una tarde cualquiera. A todos nos pasa. Sin tele por cable. Sin celular porque se cayó la red. Por lo tanto, tampoco hay internet.

Leer? Para mí es un hábito nocturno.
Cocinar? Estamos a dieta rigurosa.
Salir a caminar? Hace un frío de muerte.

Mis hijos vueltos locos sin tecnología. Yo vuelta loca sin comunicarme. En qué momento necesité de tantas cosas para ser feliz?

Sin querer, me uní a los millones adictos a los gadgets. Sin querer tampoco, hice que mis hijos se unieran a mi.

Así que, decidimos platicar entre nosotros. Poco a poco, el tema de costumbres del pasado de su madre es más importante.

"De verdad no había microondas?"
"De verdad había que regresar los cassettes para oir otra vez una canción?"
"De verdad andabas en camión?"
"De verdad que había 5 canales de tele?"

Si. Andaba en camión. Pero todo el mundo lo hacía. Era fácil, seguro y no se desviaba. Si, calentábamos la leche y el agua directo en la estufa. Si, tu sufrimiento era más grande cuando te tronaba tu novio porque la canción que era tuya y de él se tardaba en tocar. Y si, mi comunicación con el mundo exterior eran los periódicos, la tele y el teléfono normal que era con las reglas de horarios de mi mamá.

Y también eramos más inocentes. No nos sabíamos todas las teorías forenses de CSI. Sólo las que el inocente de "Quincy, MD" nos enseñaba. No despertábamos al erotismo ni a la anorexia necesaria por ver "Gossip Girl", sólo queríamos ser poderosas como "La Mujer Biónica". No hablábamos de losers ni de zorras. Y salíamos a la calle a jugar, sin miedo a que nos secuestraran o nos tocara un narco como vecino de mesa en el Café Niza. Tampoco dejamos de salir porque nos fuera a tocar balacera o cerrada de antro por Los Zetas. Porque la banda más conocida del momento, Los Panchitos, estaban en su zona y no se metían con nadie afuera de ella. Porque hacíamos viajes interminables en carretera sin riesgo alguno. Porque erámos más felices sin tanta tecnología y sobretodo, sin tanta información.

Mis hijos crecieron con esta necesidad. Y al estar involucrada en lo que hacen, se ha hecho también parte mía. Eso no es lo que me preocupa. Me preocupa que pierdan sensibilidad y sobretodo seguridad personal. Me dá tristeza que no tengan lo mismo que tuve yo y que también ya perdí, como es la libertad de no necesitar nada más que un parque adonde jugar.

Esa nostalgia por mi vida de antes, por mi tranquilidad y la de los míos, es la que ahora solamente se aloja en algún lugar común de todos nosotros, los apáticos "adultos contemporáneos", que no estamos muy dispuestos a lograr un cambio favorable como sociedad. Que ahora que tenemos las herramientas para exigir, nos culpamos unos a otros por las formas y no nos fijamos en el fondo. Cualquier manera de protesta es aceptable siempre y cuando se haga con respeto hacia los que no quieren hacerlo de esa forma. Se nos olvida que al final, todos queremos lo mismo: Recuperar lo que perdimos...

lunes, 22 de noviembre de 2010

Los gatos del Español....

Me enfilo hacia Ejército Nacional. Siempre me paso la salida. Pero esta vez, estoy decidida a llegar con una referencia que hasta ahora se me ocurrió. Este edificio que es prácticamente idéntico al Hospital La Paz en Madrid. Es irónico que haya sido construido por exiliados de la guerra civil y se parezca tanto a uno de los monumentos sanitarios del Franquismo.

Caminando por los jardines, llego a Urgencias. Veo una ambulancia estacionada y paramédicos bajando a alguien en camilla. Aquí te deberían de recibir con gaitas tocando "Asturias Patria Querida". Me escurro por los pasillos. Conozco este hospital como la palma de mi mano. Llego al lobby y mientras espero pacientemente el único elevador disponible, veo sentada en su escritorio a la administradora que debe estar aquí desde la guerra civil. Ante mi impaciencia, decido subir las escaleras. Cada piso es de una combinacion de colores diferente. Pero noto ciertas palabras en letreros que llaman mi atención. "Ropería" "Salida de Incendios" "UCI" al más puro estilo gachupin. Cuando llego al piso correcto, noto el olor a pescado frito de la comida. Lo único que se oye a través del pasillo son varias televisiones sintonizadas en partidos de futbol, porque claro, es Domingo. Risas y voces escandalosas. Parece más un bar de barrio español que un hospital.

Despúes de un rato y sabiendo que mi visita será larga, bajo a los jardines de nuevo a tomar aire. Como a todo el mundo, nunca me he sentido tranquila en un hospital. Siempre hay algo sospechoso en ellos, como si la mala noticia estuviera ahí esperando a salir. Veo a un grupo de doctores jóvenes fumando. Cuando me siento a hacer lo mismo, un gato se me acerca. Empieza a maullar como queriéndome decir algo.

"No hablo gato" le dije. Lo acaricio y sigue "platicando".

Es negro, pero no brillante. Ha visto mejores épocas. Sus orejas están mordisqueadas. Le faltan los colmillos. Señales inequívocas de batalla.

"Así que eres el peleonero de la cuadra eh?" Suelto una carcajada.

El gato sigue maullando. Estoy segura de que me contestó que había dejado de pelear hace mucho. Lo acaricio. El y yo tomamos el sol. Pasa un gato más junto a nosotros. Amarillo atigrado con los ojos verdes. Se echa junto a mi gato peleonero completamente en paz, sabiendo que no va a haber bronca, así que estoy segura que mi gato negro me dijo la verdad: "Ya no peleo". De repente, algo llama su atención y salen corriendo, olvidándome. La ventaja de ser animal es tener la memoria corta.

Decido regresar al hospital. Veo una chica llorando en una fuente. Tiene dos gatos a un lado, pendientes de ella. De repente, uno se sube a su regazo. Ella se sorprende y deja de llorar un momento. El gato se le pega al pecho. Ella lo acaricia y comienza a llorar de nuevo. El gato parece confortarla. El otro, a sus pies, se le mueve entre las piernas, nunca bajando la cabeza, siempre volteando a verla. Es entonces cuando más personas llegan a acompañarla, los gatos se van, otra vez, sin memoria.

Pregunto a los doctores fumones que de donde salen tantos gatos. Uno me dice que son más de 50. Que los alimentan los de intendencia y los cuidan. Les comento que ví a dos gatos consolar a alguien hacía un par de minutos.

"Si, es increíble. Hasta a los que no les gustan los gatos los acarician, yo estoy convencido de que aquí en especial si son terapéuticos. De hecho, nada más rondan por urgencias y por el asilo. Me dijeron que a los primeros los trajeron de Oviedo" me comenta un doctor de no más de 25 años con el cigarro en la mano.

Me pregunto qué sabrán los gatos que nosotros no sabemos. En este lugar en especial que parece un pedazo de cualquier parque madrileño. En donde hay paella en la cafeteria y mazapanes por kilo en la tienda de regalos. Posters de ciudades españolas por todos lados. Enfermeras que cecean. Es como si los gatos supieran del dolor, de la tragedia, de no tener un lugar propio. Como si comprendieran las lágrimas de los que se quedan. Un regalo de 5 minutos. Un consuelo en el momento adecuado. Parecen saber lo que pasa adentro, en ese lugar adonde no pueden pasar. Me sorprendió verlos echados ante la puerta. Respetando. Dejándo un recuerdo cálido a las personas que ellos mismos no retienen.

Entre los recuerdos de mi abuelos españoles y los maullidos de los gatos que reconfortan, me doy cuenta que aquí se demuestra que la gente se rehúsa a perder sus raíces. Aunque se vaya de su país y adopte otro como suyo, nunca dejará de instituir sus formas y sus tradiciones. Este hospital es un recuerdo para ellos y una memoria para sus descendientes. Es parte de lo que son y serán. De ese lugar común, lleno de árboles, en donde los viejitos solitarios del asilo comparten con sus gatos amigos. Aquí, los que reciben malas noticias, encuentran cariño en donde menos lo esperan. Parece que alguien que sabía lo que es perder las cosas que más amas, los dejó en este lugar a propósito.

Ahora entendiendo que hay reconciliarse con el pasado, abrazar el presente y dejar que el futuro llegue sin que nos pese la incertidumbre. Escoger las batallas y dejar de pelearse por cosas que al final, nunca valieron la pena. Y me lo dijo un sabio guerrero negro con su maullido...



martes, 9 de noviembre de 2010

No robarás, no matarás....porque tantito también es pecado...

Estaba en la fila del cafe, distraída revisando mis correos en el teléfono cuando la vocecita de la mujer de enfrente me llama la atención. Tipluda y con acento de niña fresa falso y exagerado. Cuando levanto la cabeza, lo primero que yo tenía que notar era la bolsa Chanel Cocoon de edición límitada ($40,000) por la que yo moriría. Despúes de mi cuasi infarto y no poco sentimiento de envidia, no puedo evitar observar el outfit completo. Pants de fleece rosa escandoloso de Juicy Couture, tenis Puma negros y lentes D&G (que a mi parecer es la marca más naca del planeta). Me detengo en su pelo, con raices obscuras asomándose entre rayitos rubios de color perfecto. La veo buscar en su cartera (Ferragamo) y sacar un billete de $500 para pagar como varios cafés. Cuando extiende el billete, alcanzo a ver algo marcado en su mano. Intenté acercarme más pero la cara del dependiente me hizo detenerme. Veo que atrás de ella vienen como dos guaruras acompañandola. No estoy segura si eran sus escoltas porque le hablan de tú y vienen con tenis y jeans blanquisimos de marca los dos, con lentes obscurísimos y corte militar. Entre los tres, toman las charolas con sus bebidas y salen a la calle para subirse en una Hummer negra con plateado.

El muchacho de la caja se nota visiblemente nervioso cuando le pido mi chai latte. No puedo evitar preguntarle qué si está bien.

"Te puso nervioso la señora esa verdad?" le dije con una risa mal intencionada, el cual es uno de los beneficios que me he ganado por venir tan seguido.

"No nada más ella, le vi un tatuaje en la mano que me dió miedo" me contesta."Traía tatuada en la mano la boca del dinero, es uno de los símbolos del narco" me dice estirando la mano para enseñarme en donde se lo vió.

No sé de que me sorprendo. Si ya están por todos lados. Ya son parte de nuestra sociedad en cualquier nivel. Ya estan arraigados entre nosotros. Sus hijos estudian con los nuestros. Se sientan a un lado de ti en el café o van atrás de ti con su carrito en el super. Son nuestros vecinos. Se emparejan a nuestro coche en los semáforos con su música de banda a todo volúmen, enseñando sus tatuajes con su brazo colgado en la ventana, observando, retando, afirmando con su mirada que si quisieran, nos harían daño en ese preciso momento. Que si tu hija les gusta, no dudarán en secuestrarla y matarla despúes. Que quieren lo que tú tienes. Y no se han detenido jamás para conseguirlo. Desde el narco más tipo Robin Hood como El Señor de los Cielos hasta el más sanguinario como La Barbie.

Nos hemos convertido en un narco país, con narco modas, narco juniors, narco novelas, narco pensamiento. Nos están inculcando su cultura, su modo, sus toques de queda, la sumisión y huída cuando los tenemos cerca.

Con esto trato de hacer una reflexión de a qué huele la pobreza. Huele a orines. A humedad. A polvo en la cara. A callos en las manos y pies descalzos. A sudor seco. A unos frijoles y un par de tortillas como única comida al día. Por salir de ahí, cualquiera mataría. Por salvar a los suyos del peor destino, cualquiera se volvería narco. Por tener todo lo que siempre se ha deseado; coches, ropa de marca, dinero, mujeres y sobretodo, reconocimiento entre los tuyos. Aunque tengas que matar. Total la primera duele, la segunda sabes de qué se trata y la tercera ya la dominas. Aunque tengas que huir de la policia que no has logrado corromper, de tus enemigos y sobretodo de tí mismo. Este es el sistema que existe en México. Sin oportunidades. Sin esperanza. Sin recursos para poder salir adelante. Es más fácil aprender a disparar una pistola que intentar terminar la primaria con el estómago vacío.

Pero aún cuando tengan todo lo material y todo el respeto de las personas cercanas a ellos, aunque eduquen a sus hijos en grandes escuelas, aunque se vistan de seda y duerman en cama de oro, aunque intenten mezclarse a todos los niveles, seguirán comportándose como animales ambiciosos matando y torturando a quien se les ponga enfrente para cumplir todos sus propósitos. Nunca conseguirán lo que la mayoría de nosotros tenemos y que ellos perdieron ya. Se llama humanidad...

jueves, 14 de octubre de 2010

De reconstrucciones personales y recuerdos... A un año de distancia...

Hoy en la fila del banco, había un señor muy parecido a tí. Cuando lo noté, sentí que se me salía el corazón. Entre la repentina falta de aire y las ganas de llorar, me salí de ahí. Estoy segura de que si me hubiera acercado me hubiera dado cuenta de que no te parecias tanto a él. Igual son estas ganas locas de verte y platicar contigo.

Este año que ha pasado desde que no estás, han sucedido muchas cosas que estoy segura me has escuchado platicarte. Te hubieras emocionado con los mineros chilenos, con un par de anécdotas de Madrid, con un cordero al Malbec de 6 horas que me quedó fabuloso y con algunas más de mis tarugadas. Hubieras odiado el Mundial y odiarias aún más el sonsonete de Shakira.

Y extraño siempre platicar, pelearme contigo y llamarnos cuando algo de la tele es interesante. O algún libro que leíste. O algún reclamo hacia mi (normal) que tenías pendiente. Yo no sé que pasa, pero los lunes, miércoles y viernes suena el teléfono invariablemente a la hora que tu llamabas. Siempre pienso que eres tú y mientras descuelgo, mi proceso mental me regresa a la realidad. Hay tantas cosas increibles que me pasan y estoy convencida de que eres tú el que me las manda. Quiero creer que aún me escuchas y que aún me ves. Yo por lo menos me hago a la idea de que estamos cerca y como cuando era chiquita yo estaba convencida de que tenía super poderes, que si cerrara los ojos super fuerte y me concentrara, te podría tener cerca.

Sin embargo eso no pasa.

Ya soy grande y me doy cuenta de que mis poderes se esfumaron cuando crecí y de que ya no puedo traerte de vuelta. Doloroso recuerdo de mi recién adquirida medianía de edad.

Hoy, este día que me ha rondado en la cabeza por semanas, llegó. No quería. Es como irme deshaciendo del diurex que sostiene mis pedacitos. Si, el dolor empieza a sanar. Quien diga lo contrario, miente o necesita terapia. Lo que queda es la nostalgia y el querer ver y tocar a quien perdimos. Este dolor no está para quedarse. Solo está ahí para recordarnos la medida en que amamos. Y mientras más crece nuestro amor y agradecimiento por compartir juntos la vida, el dolor va desapareciendo poco a poco. Sé que a mi me falta mucho para dejar la tristeza a un lado y entonces avanzar a esa plenitud que te dá el amor y que se ayuda de los recuerdos. Buenos y malos. No soy de la idea de perfeccionar idealmente la manera de ser de las personas cuando mueren. Pienso que hay que recordarlas tal como eran. Todo ese conjunto ede vivencias nos evita caer en el sufrimiento innecesario.

Qué puntada tuya de morirte en día de muertos. Es como si todas las ofrendas de la ciudad fueran para tí. Dime la verdad, lo pensaste. Probarás del tequila y del mole de todo el mundo. Ya sabías que yo nunca pongo altares. Así que andarás de pachanga por todos lados. Mi viejo sabio. Nadie nunca te ganó a nada.

Asi que, mi querido bigotón, espero que no estés dando tanta lata allá en el cielo. Recuerda tu mal genio y controla por favor tu temperamento. No te quejes si las nubes están más blancas de lo normal o si a Dios le falta una recortadita de barba, ya te conozco y de verdad que te estoy oyendo. A los ángeles les gusta reirse y ser felices, así que echale ganas, no te vayan a mandar a cuidar a los cantantes de banda norteña o peor, a los de cumbia. Espero que estés escuchando a Queen y a The Smiths. O un poco de Mozart. ¿Te acuerdas como nos gustaba descubrir armonías en las canciones modernas que eran de lo más clásicas? Supongo que con tus chistes y bromas la estarán pasando super, así que confío en que estés en el lugar adecuado y ya te quieren mucho. Si les cocinas un curry, ya la hiciste. Ojalá tengan una cocina enorme, para que cuando todos estemos allá, nos la pasemos increible haciendo fiestas con bohemia y flores como nos gustaban. Y seremos jóvenes de nuevo. Ya con eso podremos bailar y cantar. Dicen que en el cielo, eso es lo que pasa.

Si, ya pasó un año. Pero descubrí que si cierro los ojos, así, fuerte, fuerte, no te puedo traer de regreso, pero por lo menos te veo un ratito, lo que me dure el suspiro...


miércoles, 13 de octubre de 2010

La envidia que ojalá moviera al mundo. Historias con final feliz...

Para Lore Rivera. Mi spin doctor favorita...


El 18 de febrero de 2006, explotó la mina de Pasta de Conchos. Recuerdo que decían que era imposible sacar a los mineros porque el lugar estaba lleno de gas. Los familiares se turnaban entre el dolor y el reclamo. Aún y cuando la sociedad exigía respuesta pronta, el gobierno quizás ya cansado en su último año, nunca exigió a los dueños ni a la industria minera mejores sistemas y regulaciones. Se simularon actos de rescate, miles de teorías y al final, nada sucedió. Así y cuando fuera imposible, a muchos de nosotros nos pareció que hubo negligencia y apatía por parte de todos los involucrados.

Conocí a Vivian y a Alejandro en Bariloche. Alejandro es un hombre por demás serio, muy alto y correcto. Vivian es una mujer extrovertida, hermosísima y sumamente educada. Los dos son chilenos. Me han platicado de su país incansablemente con un orgullo que siempre me ha encantado. Hemos sido amigos de dos veces por año, cuando los hombres organizan estos viajes de negocios y que solamente las mujeres disfrutamos. Cuando fué el temblor en Santiago, fue un alivio saber que no les había pasado nada. Una de las cosas que más me maravillan y he aprendido de mis amigos acerca de su sociedad civil, es su órden y congruencia para conducirse. No sé si se deba a los años de dictadura y régimen marcial, lo que los ha hecho ser uno de los países más avanzados en América Látina. No sé si esto ha logrado que un presidente de ultra derecha como Piñeira haya llegado al poder. Porque muy dentro de ellos anhelan esa mano dura a la que están acostumbrados. No sé tampoco si esto mismo haya sido la base para que los 33 mineros rescatados entre ayer y hoy hayan podido organizarse y sobrevivir.

Muchos medios han comparado el rescate de los mineros como la carrera espacial, como lo de las Torres Gemelas o como el tsunami dn Tailandia. Quizás la comparaciones del evento sean demasiado grandes, porqué este evento en sí, tan local, tan mediático e importante, es mucho más grande que los anteriores. Nos llenamos los ojos de tragedia. No estamos acostumbrados a finales felices.

Muy dentro de mi corazón, siento envidia pura por la felicidad del pueblo chileno. Porque se han recuperado de una dictadura infame, aún y cuando los restos del adiestramiento militar sigan siendo parte fundamental de su sociedad. Porque su economía es sana, porque son pioneros en los sistemas de pensiones y de limpieza de ambiente, porque se recuperaron de un terremoto en donde el gobierno fué el primero que habló y actuó. Porque tienen un presidente, que muy aparte de mi opinión, trabajó hasta el cansancio por sus trabajadores y decretó medidas para garantizar la seguridad en la industria minera.

Porque este martes 12 de octubre, el día que empezó el rescate milimétricamente planeado de los 33 mineros atrapados, en México sufrimos. De norte a sur de nuestro país, nos sacude la ira de la naturaleza o la ira de la violencia criminal. No tenemos un plan milimétrico, ni siquiera en sistema binario, para contrarrestar nuestra tristeza. Este dolor nacional, no se traduce en más muertos, ni más narcomantas, ni más detenciones, ni más políticos corruptos. Este dolor viene de nuestra incapacidad de hacernos oir, de poder actuar a plenitud, de leer a nuestro dirigente máximo aceptar que no "la estamos haciendo" y de alabar las acciones del gobierno chileno como si fueran propias, de vivir en la impunidad y la suciedad. Aventaron la toalla por nosotros. Esta tragedia mexicana no tiene para cuando terminar.

Lo único que yo desearía es encerrarnos a todos en una cápsula Fénix para que alguien nos saque del fondo en medio de "vivas" y "bravos". Lo único que deseo es que mi país y nosotros, tengamos un renacimiento con alegría. Porque ya no veo la luz al final del túnel...Justificar a ambos lados

lunes, 27 de septiembre de 2010

Mi causa es la de todos... Afuéremonos*...

En la vida tienes 3 opciones para enfrentar un problema:

La primera es entender el origen, atacarlo de raiz y ser propositivo.
La segunda es protestar y chantajear para evitar tu responsabilidad.
La tercera es permanecer apático y seguir adelante.



"He decidido que voy hacer un bloqueo de alguna calle como protesta. Estaba pensando en hacerla en mi calle para reclamarle a los vecinos que dejan sus coches afuera que no lo hagan, que sus perros se acaben mis jardineras o que el policia de la caseta se duerme en las noches. Luego pensé que no era lo suficientemente llamativo. Así que decidí que la iba a hacer en Viaducto e Insurgentes, para reclamar entonces acerca de lo angosto de los carriles, que el Metrobus va lleno, que no hay vuelta a la izquierda y de que los que venden cosas en los semáforos no traen pistaches. Pero me dí cuenta que yo ahí parada en ese crucero se podía malinterpretar. Entonces decidí que iba a cerrar Reforma frente a la Diana. Me acostaría en el carril central de la avenida. Protestaría porque cada vez que veo a la Diana me dá envidia con ese cuerpazo. Y porque los triangulos esos de los camellones me chocan. O porque la luz morada del Angel se vé horrible. Claro que sopesando los inconvenientes, lo único que ocasionaría sería que me atropellaran. La verdad, me acordé de que en el Zócalo los mítines también salen bien. Si me paro exactamente en medio, puedo gritar que estoy protestando porque no veo bien la bandera desde abajo, porque no puedo entrar a Palacio o porque la Catedral se ve chueca. La bronca es que me pueden ganar el lugar porque todo el mundo quiere estar ahí. Así que, en un profundo acto de reflexión, he decidido hacer un campamento. En una esquina o en un camellón. Así como aquel de la esperanza que tan chido les salió y tanto sirvió. Me cuelgo de la luz, pido que me ayuden, boteo diario, me pongo en los semáforos a repartir panfletos y la policia ni me tocará. Colgaré pancartas que digan "No a la violencia del gobierno en mi contra". Haré declaraciones escandalosas y aprovecharé para decir mentiras 100 veces hasta que me las crean. Manipularé la ley a mi favor y claro, repartiré lana entre policias para que no me toquen. El chiste es protestar aunque no tenga de qué, porqué para este momento, ya se me olvidó cual era mi propósito. También se trata de molestar a las personas para que me noten y se unan a mi causa o por lo menos tener publicidad gratis. Apuesto que juntaré mil personas que piensen igual que yo. Les conseguiré un pretexto para que no vayan a trabajar. Pero de que protesto, protesto. Y de que molesto, también. En una de esas me hago diputada o hasta senadora y ahí mi protesta sin protesta, será de lo más redituable. Y si hago negocios sucios o lo que sea, no importa, siempre habrá alguien que me ayude a afuerarme..."

El gran problema de México es la impunidad. Es la corrupción a todos los niveles, esa que empieza con nosotros como ciudadanos y termina en el gobierno. La famosa "charola" que pensamos había desaparecido, aún existe aunque no la pongan en el parabrisas del coche. Legisladores gastando a manos llenas en viáticos, guaruras, coches blindados, secretarias, celulares y hasta operaciones estéticas. No existe la transparencia ni la rendición de cuentas. Es negar que su origen viene de la sociedad civil. Es negar su compromiso y su responsabilidad con los ciudadanos. Es alargar resoluciones y periodos legislativos para poder irse de vacaciones. Es dormirte en las sesiones. Es aprobar la exención de impuestos para legisladores. Es seguir provocando el desprestigio de la clase política aceptando presuntos delincuentes como diputados y ayudarlos a tomar protesta para protegerse en el fuero. Es mentir cuando hablan de frente a una cámara y por atrás llegar a acuerdos con los "rivales". Es proteger a líderes sindicales ladrones, pagarles paleros, asociarse con ellos para tener votos y mantener una relación a modo para seguir regodeándose en el poder. Es olvidarse del sentido del deber y pasarse las leyes por el Monumento a Reforma. Es en pocas palabras, no tener madre...

*Afuerémonos se refiere al fuero, ese poder celestial que recae en la clase política mexicana. No es correcta en ningún sentido gramático. No existe como verbo aunque sea usado frecuentemente sin estar incluído en la RAE. Fué usada en este texto meramente como referencia. Obviamente, es una broma. El fuero. Y también la palabra.







miércoles, 15 de septiembre de 2010

II.- Barranca del Muerto, entre Insurgentes y Revolución...Última reflexión hipster

La marimba en una plaza empedrada, rodeada de árboles y ver a la gente caminar.

Las ventanas altas con filo de cantera, en una casa color azul eléctrico rodeada de nopales.

El cilindrero, el pajarero y el afilador. No incluir en este rubro al que vende tamales oaxaqueños.

Los buñuelos con miel de piloncillo, los chiles en nogada y el tequila añejo.

Las tornabodas, los chilaquiles y el asesino Payaso de Rodeo.

La Selección Nacional aunque pierda.

Jorge Negrete, Joaquín Pardave, Pedro Infante y Maria Felix.

Paseo de la Reforma en Navidad.

Los Reyes Magos en La Alameda.

El América, los Pumas y Las Chivas. Y todo lo que conlleva.

Miss México, XE-TU, Chiquilladas y Cachún Cachún Rá Rá

El 12 de Diciembre de cada año.

Queso Nochebuena y tortillinas Tia Rosa.

Oir el Himno Nacional.

El Informe Presidencial y los besamanos.

Los Miguelitos, Cazares, Chocorroles y demás porquerías necesarias.

La cochinita pibil, los tacos al pastor y una orden de costilla con queso.

Los Multicinemas Viveros y Chiandoni.

Danesa 33, Burger Boy y la Vaca Negra.

Zabludovsky narrando el temblor.

Los festivales OTI y Siempre en Domingo.

Los volcanes nevados en diciembre.

El Castillo de Chapultepec, iluminado.

Chichen Itzá, Tulúm y el Tajín.

Siqueiros, Rivera, Tamayo y Dr. Atl.

El desierto de Coahuila, la Cola de Caballo en Nuevo León y la cajeta de Celaya.

El Ajusco y sus quesadillas.

El Baazar del Sábado en San Angel, el Café La Parroquia en Veracruz y el Valle de Guadalupe con su vendimia.

Renuncio a perder mis recuerdos. Renuncio a perder mi historia. Renuncio a no sentirme orgullosa de ser mexicana. Renuncio a festejar a mi país solamente por su Bicentenario de Independencia. Renuncio a ver con tristeza el futuro. Renuncio a ser apática ante este derrotismo general. Tengo muchas cosas porqué sentirme feliz. Y tengo muchas cosas porqué seguir pensando que recuperaremos la paz. Tanto en las calles, como adentro de nosotros mismos.

"Un soñador en cada hijo te dió"...

lunes, 13 de septiembre de 2010

II.- Nostálgicos Nacionales. Reflexiones Bicentenarias

Mi mamá tiene la mala costumbre de traerme cajas de cosas inexplicables que ella guarda en su casa. Unas veces, la caja se vuelve sorpresa. Hay cassettes, libros, ropa y demás porquerías que eran mías y de repente aparecen para volverse un golpe de recuerdo. Otras veces son cosas que ella cataloga como "buenas y que tú deberías tener" como copas, jarrones cursis que jamás voy a usar ni me gustan. Pero las cajas que más me preocupan, son las de cosas que realmente le pertenecen: Es como si se quisiera deshacer de su pasado o quitar de su espacio lo que la hace recordar. Espero esos "tesoros" regularmente.

Ayer Domingo me trajo una caja pequeñita. Me dijo que por favor le echara un ojo más tarde. Que no me iba a quedar con el contenido. Más tarde, la abro y descubro que son fotos de familia, algunas en blanco y negro, otras en ese color pathé tan especial.

Algunas fotos son de mis abuelos en la plaza de toros. Otras son de ella y mi papá. Otras son mías de pequeña, con patines de cuatro ruedas amarrados a los zapatos o en bicicleta con rueditas a los lados. Fotos de todos juntos. Fotos de uno sólo. La fachada de casa de mis abuelos en Peztalozzi en la del Valle. El Fiat de mi papá estacionado en la calle, con él parado a un lado. Sentados en casa de alguien con la reja hacia la calle. La sala de mis abuelos con esos dos cuadros enormes (horribles) de ellos en onda muy british. Es como si de repente, el sentimiento de tranquilidad me invadiera. Fotos que no había visto nunca. Gente que ya no está conmigo. Encontrando ese punto de felicidad que nunca me ha dejado en realidad.


Le hablo a mi mamá. No puedo evitar la curiosidad de traerme algo que no me voy a quedar y además querer que lo vea yo sola.

"Esa es tu herencia y la de tus hijos" me dijo emocionada. "La unión que teníamos, la tranquilidad en las calles, el vivir con menos, el ser más sencillos, más educados, el respeto por los demás"

No puedo evitar irritarme un poco.

"Má, cómo va a ser mi herencia? Cómo quieres que sea la de mis hijos? Nos estamos hundiendo en el lodo y la mugre?"

200 años de ser una gran Nación. Pero no tengo que irme más allá de 30 años para saber que vivíamos en paz. Que teníamos respeto y caridad por las personas. Que cedíamos el paso al manejar. Que pedíamos las cosas por favor. Que confíabamos. Que podías caminar sin miedo por las calles hasta cualquier hora. Que era más fácil vivir sin tantos trámites. Que el último sentido de decencia, lo perdimos cuando nadie pudo frenarse ya. En actitudes, en el "vale madres", "me vale wilson" y el chinga tu madre. Ciudadanos educados con civismo y con reglas. Entender que exigimos resultados del gobierno, pero también nos comportamos como flamantes ciudadanos de tercera.

Es como habernos dejado en manos de alguien. Y como decir "yo primero" y olvidarnos del sentido de comunidad. De qué sirven nuevas vías de comunicación (como la supervía Santa Fé-San Jerónimo) si no tenemos cultura vial ni cívica? No sería mejor invertir en tener ciudadanos educados y con reglas a seguir, una autoridad incorruptible, respetuosa y firme al mismo tiempo? Como antes...

"Esa es tu chamba, y yo sigo haciendo la mía" me contestó mi madre, con toda esa sabiduría que le caracteriza....